miércoles, 7 de mayo de 2008

Las certezas más absolutas




Al imaginarte,
mi deseo se dispara.
El trajín de mi interior
abre mis apetitos más ocultos;
adivino con él
la que fue tu sombra,
ahora tornada en invisible.

No te veo,
no,
pero sé que te tengo,
rotundamente,
terminantemente,
precisamente;
lo sé...

Es la absoluta certeza
de que vives,
de que habitas,
de que moras
en el latido de mi corazón.

Y no dejaré resquicio alguno
-será esta otra absoluta certeza-,
que permita que tu aliento vuele,
al fin,
lejos, muy lejos de mí.

8 mordiscos a esta cereza:

ybris dijo...

A ciertas edades uno necesita que le tuteen para no sentirse demasiado ridículo entre la juventud.
Y ¿para qué diantres necesitas tú ni matemáticas ni filosofía con esa pluma de oro que te gastas?
Paso contigo del deseo y de la adivinación hasta la certeza.
Esa indubitable certeza de sentirse habitado por quien se ama al tiempo que se aleja su aliento como quien tiene vida propia.

Es precioso.

Un beso.

Neander dijo...

Cuidadín con las certezas absolutas...

Dr. Krapp dijo...

Seguro que hay una extraña relación impúdica entre cerezas y certezas más allá de la inoportunidad de la t.

Guinda de Plata dijo...

Querido Ybris: me parece que me quieres mucho. Gracias de verdad por tus halagos, de verdad.

Doctor: su comentario es uno de los más originales, brillantes y bonitos que me han dejado en este blog desde que nació. Me deja sin palabras, aunque de usted es algo previsible. Muchísimas gracias.

Hola, Nean. Es cierto: no se puede estar completamente seguro de que uno tenga una certeza absoluta sobre algo... Pero creo que a veces hay que quemarse la mano al ponerla sobre el fuego por alguien, sobre todo si ese alguien merece la pena. O si incluso -como es el caso-, ni siquiera existe...

Monica Alvarez dijo...

Que buenas son las certezas del amor cuando se tienen. Y cuando no,que malo.
Un abrazo desde Chile

Guinda de Plata dijo...

Mónica, ¡¡qué alegría más grande me das cada vez que te veo por la cajita de las cerezas!!

Te mando un beso muy grande que vuele con fuerza desde Cádiz hasta Chile. Gracias como siempre por estar ahí, cariño.

B.

Carome dijo...

Precioso. Es parte de disfrute, la certeza, si no, no se podría disfrutar así.

Un beso.

FERMÍN GÁMEZ dijo...

Yo también tengo la certeza de que este poema es de los que gusta leer más de una vez, aquilatar su certidumbre. Lo tuyo que has expresado ahí no necesita del miedo para nada. ;-)

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