lunes, 11 de junio de 2007

Miedo escénico






Me ha pasado algo muy curioso. Ayer estrené mi trocito de mí. Mi cachito de terreno que iré abonando, poco a poco, con mis letras, con mis fotos, pero, por encima de todo, con mis sentimientos. Para eso dicen que es un blog, para que sirva de diario, ahora que somos adultos, ahora que se supone que tenemos que apechugar con duras obligaciones, desprecios incomprensibles (sí, incomprensibles, por mucho que lo analice), y todo tipo de sentimientos no precisamente agradables, y así podamos desahogarnos.



Un diario se escribe en la adolescencia, cuando cualquier nadería se convierte en los terremotos más sobrecogedores, en los maremotos más dañinos, en la lava más ardiente que quema, y destroza, y asola.

Se supone que ahora ya no tenemos edad de escribir diarios. En todo caso, en el diario cotidiano de la vida.

Pero bien, ya que se ofrece la oportunidad de revivir esta etapa de la adolescencia gracias a las nuevas tecnologías, ¿por qué no aprovecharla?

Y decía que me ha pasado algo muy curioso porque a pesar de que estaba deseando seguir emborronando estas páginas de mi recién estrenado blog con mis tonterías, por otro lado yo misma me estaba frenando, pues me decía: "¿Y qué pongo? ¿Qué pondré, si no son mis relatos?" Sin darme cuenta, he retrasado este mensaje al menos hora y media.

En ese momento no calibré que me queda aún mucho por decir. Y aquí estoy.












2 mordiscos a esta cereza:

*** Raquel dijo...

Siempre he pensado que un diario es la mejor terapia. Escribir lo que uno siente, canalizar emociones, ayuda a distanciarse de la realidad, a observarla con lupa, a analizarla. Y como premisa indispensable... escribir por necesidad, pero jamás por obligación. Bienvenida al mundo, nena. ;)

Guinda de Plata dijo...

Gracias, nena.

Qué alegría, qué alegría más grande verte por aquí, por mi mundo, por mis cosas.

Sabes que te quiero mucho, nenita. ;)))

B.

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