lunes, 11 de junio de 2007

Corsé para una diosa


Para C., por sus mimitos arrebatadores de ayer...




Desde que salí del sex shop con aquella bolsa en la mano, me sentí diosa. Ya al entrar -la primera vez que lo hacía en un sitio semejante, los latidos acelerados, la pulsión desacompasada, las palmas sudorosas-, logré que mi autocontrol se impusiera a los nervios, y lancé una mirada de estudiada picardía a aquel vendedor, acostumbrado, por otra parte, a todo tipo de fauna en su establecimiento.

Tras saludar con decisión -disimulando tras esa muralla mi azoramiento, que no se decidía a abandonarme, ni lo haría a lo largo de toda la compra-, empecé a curiosear estanterías y cajas, expositores y envases. Algunos, discretos, pero la mayoría regalando al ávido visitante una sinfonía abigarrada de colores chillones, impúdicas posturas y explícitas fotografías. Deslicé mi dedo por los lomos en rústica de aquellos libros.

Yo, lectora impenitente, que había degustado verdaderas maravillas literarias, no podía creerme que títulos como aquellos pudieran tener salida. Títulos vulgares hasta rozar el insulto, rotundamente reveladores y capaces de convertir, en pocos segundos, al hombre que jamás se había interesado en cualquier publicación que no fuera el "Marca", en el más contumaz lector.

Seguí con la vista aquellos anaqueles repletos de tesoros de silicona, de goma, de látex, de cuero. Me maravillé con la inagotable imaginación tanto de fabricantes como de futuros compradores de un hipotético placer; imaginé formas, cuerpos, pieles, posturas, deseos. Tantos como juguetes se ofrecían. Hasta que mi vista dio con lo que estaba buscando. Ése. Justo ése.

Un magnífico corsé de seda negra, tachonado de pedrería y capaz de abrazar un cuerpo con la delicadeza de una mousse de frambuesas y la firmeza de un amante incansable, me pedía desde su posición que lo cogiera, que lo adoptara, que mi deseo por poseer una de aquellas maravillas se transformara en realidad, pasando así a formar parte de mi colección de lencería, hasta ese momento más o menos atrevida.

Combinaciones de raso, de seda, de satén, más largas, más cortas, con encajes, sin ellos, con lazos, sin lazada, picardías, bodies, negros, turquesas, gris perla, violetas... Pero nunca, nunca, un corsé como aquel; magnífico, majestuoso, sabría levantar aún más unos montes escarpados y marcar con rotundidad una curva vertiginosamente cóncava antes de pasar a transformarse en otra de sinvergonzonería convexa.

Me volvía loca la idea de ser penetrada a cuatro patas mientras sus manos se aferrarían desesperados a mi cintura enfundada en seda negra, apretada hasta el máximo, afinando las curvas que le servirían de agradecido apoyo. Me imaginaba sus ojos cerrados, su pubis bombeando, la piel contra piel restallando como látigos en un silencio sólo interrumpido por este sonido inconfundible y por nuestros gemidos desesperados. También sonaría el "ras ras" de la pedrería arañando las sábanas, el pecho pegado a ellas, los brazos extendidos, en un ritmo cada vez más in crescendo.
El corsé sería mío. Lo acaricié con la punta de mis dedos trémulos, nerviosos ante la perspectiva de poder atar las cintas en la intimidad de mi casa, ayudadas mis manos por las suyas, tan ansiosas como éstas que no querían desligarse aún de la seda negra.

Imaginé sus manos apartando delicadamente las mías, dejando que los brazos cayeran dulcemente a ambos lados de mi cuerpo, mientras esos dedos, solícitos, se urgían a pasar cintas por ojetes, a recomponer aspas como equis malditas sobre mi espalda, a atenazar con ellas hasta casi cortarme la respiración. Un artístico lazo cerraría el entramado diabólico de cintas, y, situado entre mi cintura y mi trasero glorioso, presto a ser penetrado, sería la señal que marcaría la frontera entre la contención ahogada y la libertad más absoluta.

Adoro mi corsé. Me siento diosa con él.

4 mordiscos a esta cereza:

javierlunaro dijo...

Ufffff... Veo que has vuelto. Y me encanta

Guinda de Plata dijo...

¿Siempre?

Sí, he vuelto. Y hay más. Ya los iré colgando.

Siempre,

B.

Anónimo dijo...

Una verdadera fantasia de sueños ocultos, de imposibles alcanzados por una musa de bambalinas.
El Corsé se hizo con una simple misión: nublar la vista de la victima



Yo me quiero nublar cada vez ...

Guinda de Plata dijo...

...Nubla tus sentidos cada vez que quieras con mis relatos eróticos. Tengo algunos, como ves, y los que aún me quedan por colgar.

Gracias por tu comentario y me alegro de que éste te haya gustado especialmente...

Un beso.

B.

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