domingo, 1 de julio de 2007

Corazón Loco





Vamos corriendo por la calle, cogidos de la mano. Los dos sonreímos como niños pequeños, porque nos está mojando una lluvia fina que traspasa nuestras ropas y nos llega hasta el corazón. Incluso en nuestro loco deambular, pisamos de vez en cuando diminutos charcos, lo cual hace que retornemos, en unas milésimas de segundo, a nuestra infancia, cuando nos advertían de que no saltáramos sobre los charquitos de lluvia, y, al revés, cuanto más grandes, más nos atraían.


Ahora corremos y corremos para no perder el autobús. Quieres llevarme a algún sitio que no me quieres desvelar. ¿Y para qué quiero saberlo, si voy contigo, de tu mano? Contigo iría al fin del mundo, cariño.


Subimos a un autobús repleto de gente. Cuando el tiempo acompaña, apetece dar un paseo mientras el sol baña de tibieza nuestra cara, nuestra piel, pero en un día así lo que más apetece es llegar a casa y, aunque suene a manido, ver la lluvia tras los cristales. Y si es arrebujada entre tus brazos, mejor que mejor.


Nos vamos hacia el fondo. Está llenísimo, y es difícil ubicarnos en un hueco, sencillamente porque no lo hay. Apretando y empujando con delicadeza, logramos situarnos, tú detras de mí, muy juntito a mi cuerpo, como protegiéndome de cualquier tocón que pudiera rozarme.


Giro la cabeza y te pregunto como una niña curiosa que a dónde vamos. Evidentemente, tú no vas a contestarme. Me sonríes en silencio y miras fijamente hacia delante. Yo también sonrío, desconcertada, pero segura de que va a ser una muy agradable sorpresa. Noto cómo cada vez te vas apretando más contra mi espalda. Siento incluso tu calor maravilloso secando la ropa húmeda. Tus labios buscan mi pelo mojado y me das un suave besito en la cabeza. Sigo pensando en cuánto te quiero.


Tu mano derecha se agarra a la barra del autobús, pero la izquierda queda impúdicamente libre, libre para hacer lo que quiera, libre para rozarme, libre para palparme con disimulo, libre para magrearme. Libre. Y, naturalmente, no desaprovechas esa oportunidad. Me rozas los muslos, el trasero, comienzas a sobetear mientras observas, divertido, como todos van a lo suyo y nadie se da cuenta de la morbosa situación.


Advierto como tu sexo se va pegando más y más a mi culo. Siento como su dureza quisiera traspasarme la ropa, no tener piedad de mi cuerpo y llenarme toda, sobrepasarme, inundarme de tu calor. Cada vez más apretado contra mí, y, por tanto, más excitado, me susurras bajito al oído derecho: "Pero qué pedazo de pendón estás hecho..."


Ahora soy yo la que sonrío en silencio, encantada de mi victoria.


Nos toca bajar del autobús. "Hemos llegado, cariño", me anuncias, mientras te inquiero inútilmente con la mirada, sabiendo que no vas a contestarme. "Vamos a ir a bailar, cielo", me dices, mientras entramos en un local que no tiene demasiado público. Te apetece una buena sesión de baile y a ello vamos. A los dos nos encanta danzar, sentir la música en nuestro interior y poder expresar ese sentimiento al movernos. Nos pedimos unas copas y comenzamos a vivir nuestra noche. Suena de todo un poco, desde canciones más moviditas a temas más tranquilos, que, sin llegar a ser lentos del todo, ralentizan esos momentos y dan un respiro a nuestro ímpetu.


De repente, comienzan a sonar canciones realmente románticas. Bachatas, boleros... Te aproximas más a mí, y, tomándome por la cintura, te transformas en la maravillosa pareja de baile que siempre soñé. Advierto tu respiración junto a mi cara, el calor de tu piel que roza la mía. Es una situación muy erótica, no morbosa, es dulce y terriblemente sensual. Deliciosa, en suma. De vez en cuando se te escapa algún besito chiquitín, encantador, que hace que me apriete más si cabe contra ti, clavándote mis pechos en el tuyo, como las aristas de una montaña taladrando las nubes.


Inesperadamente, suena "Corazón loco". Separas tu mejilla de la mía y, sonriendo débilmente, me miras a los ojos. Te acercas de nuevo, y, cerrándolos, disfrutas el momento. Mientras, acompasadamente, seguimos el ritmo del bolero, noto como tus manos bajan lentamente, recorriendo desde mi cintura hasta la parte final de mi espalda, y llegando hasta mi trasero. De nuevo, amparado por la oscuridad de la sala, y tapado por otras parejas que bailan románticamente, me lo sobas, me lo palpas deseperadamente, como si no quisieras que nunca se te escapara. Cogiéndolo con rotundidad, me aprietas fuerte contra ti, clavando mi pubis contra el tuyo. Son tantas las sensaciones que me inundan, que me empieza a entrar calor. Noto tu sexo bien duro, es algo pétreo que quisiera, como en la escena del autobús, que me traspasara con impunidad en medio de la gente ajena a todo.


Siguen sonando los boleros y la música lenta mientras mi loco corazón sigue alborotado y quisiera escapar de su dulce prisión, para ligarse con el tuyo, en una homogénea mezcla de vísceras y sentimientos.


Notas esa desazón deliciosa y me tomas de la mano, llevándome a unos sillones bastante apartados de miradas indiscretas. Nos sentamos, deseosos de besos y caricias, y, buscándonos y encontrándonos en la oscuridad de la sala, nuestros labios cálidos chocan en una dulce lid. Adoro besarte, sentirte en el interior de mi boca como anticipo de lo que puedes llegar a hacer con tu lengua y dientes en otros rincones de mi cuerpo. Tus manos, ansiosas, buscan y rebuscan bajo mi falda, al abrigo de miradas indiscretas, separando el fino elástico de las braguitas y averiguando, alborozadas, lo que querían saber. Mi sexo húmedo anuncia lo a gusto que se encuentra, y acogen tus dedos que juguetean dócilmente con su vello. Abres despacito mi húmedo interior, buscando aquella perlita que sabes que, engrosándose, me dará sumo placer.



Tocas y aprietas dulce, pero firmemente, con maestría, mientras sigues besándome con pasión, alentado por esos boleros tan románticos que están acompañando nuestro dulce momento de locura. Sigues acariciando, cada vez un poquito más deprisa, de vez en cuando en círculos pequeñitos, de arriba a abajo en otras ocasiones, hasta que logras arrancarme un profundo suspiro que anuncia mi orgasmo. Rítmicamente, mi sexo se abre y cierra con dos dedos tuyos en su interior; la apoteosis está siendo intensa y así lo notas.


Orgulloso, feliz por haberme hecho disfrutar, recompones mi ropa y, guiñándome con malicia, me ayudas a colocarme el abrigo. Terminaremos de bailar boleros en nuestra habitación. Buen plan para esta noche.

10 mordiscos a esta cereza:

Anónimo dijo...

Escriba en el foro Guinda , se la extraña , ya ve ,usted siempre recordando a los ausentes y ahora nadie la nombra , ve porque la digo que sea usted felíz? nadie, lea bien, nadie merece sus lagrimas. En esta vida cada uno debe tirar solo hacia adelante, porque aunque hay gente que la quiere , el dolor cansa y si es ajeno mucho antes , la deseo toda la felicidad y perdone si mis palabras la pudieran ofender .

"No llore por no haber visto el sol pues sus lagrimmas no la dejaran ver las estrellas"

Un saludo Guinda.

Dr. Krapp dijo...

Pues yo le digo que ese foro quizás no se la merezca y que lo importante es escribir donde sea incluso en un trozo de papel de envolver el pescado. Siga adelante, su libertad creativa está ahi latente y si no sale hoy quizás salga mañana; pero no se desanime, no se sienta obligada a nada y menos a nadie.
Saludos

Anónimo dijo...

Doctor nadie la está obligando ,para nada señor . ellá hará al final lo que ella quiera y a ella la gusta escribir y que la lean , imagino que al igual que usted si nó ,no haría falta ni foros ni ningún blog . Un diario personal y ya esta . no cree?

Un saludo doctorcito.

El filósofo cordobés dijo...

LOs que gustamos leerte, te buscamos y aquí te encontramos.
Por cierto, echo de menos tus cosiquinas de ayer

Dr. Krapp dijo...

Saludos Anónimo, sea quien sea.

Anónimo dijo...

Gracias doctor aunque le dijera quien soy, seguiría siendo anonimo.

Un saludo para usted.

Guinda de Plata dijo...

Hola a todos, y gracias de corazón por pasarse por esta su casa.

No, no me ofende, anónimo. Es cierto que hay que tirar para adelante, lo que ocurre es que a unos nos cuesta mucho más que a otros. Dichosa serotonina...

Gracias a usted, al doctor maravilloso que me cura siempre con sus palabras y al viejo filósofo que tan bien me cuida con las suyas, dicho viejo en el sentido más hermoso del término.

Gracias a todos, de verdad.

Belén.

Flor dijo...

Para ti este tema, de Capuzano, que alude a tu tierra, con un abrazo, Belenusa, como te llama el Pableras que tambien te envia un beso y un abrazo, poco casto, según sus palabras, jajajaja

Pon la dirección en google

http://www.yousendit.com/transfer.php?action=check_download&ufid=AA09699E114F69D5&key=ba6b2e92d2bcd7c64484ef9a1042dced2e03ad17

Luciérnago dijo...

Uauuuuu! Todavía escucho, sudando, el Corazón Loco. Por cierto, aquí te dejo un regalo, para ti y todos tos lectores/as.
Con cariño:

http://es.youtube.com/watch?v=_PmeyAJn8mk

Guinda de Plata dijo...

¡¡¡Flor, qué alegría, muchacha!!!! Me alegro muchísimo de verte por este rinconcito, y ya sabes, dale muchos, muchos besos al Pableras y a Natalia. Espero que sigan tan guapos y maravillosos como siempre.

¡¡¡¡¡Ese Pablo arriba!!!!


Luciérnago, me encanta que te gusten mis historias, tanto las "normales" como las eróticas. Me has hecho mucha gracia con eso de que te he hecho sudar, jeje...

Un beso para todos desde Cádiz,

Belén.

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