miércoles, 25 de julio de 2007

A la fuerza


"Nadie duda si dices que te han robado. Pero cuando te han violado, tienes que demostrarlo. Y eso es muy duro". (Julia, 26 años, violada hace tres en Madrid).


Hace unos veinte años, yo iba a mi trabajo, a la emisora de radio donde era locutora. Era septiembre, muy temprano y aún el día no había aclarado del todo. El tiempo todavía no había refrescado lo suficiente como para ponerse chaqueta o rebeca, y todo parecía indicar que iba a tratarse de un día más de septiembre. Yo tenía 19 años, camino de los 20.


De repente, noté como me atenazaban los brazos y cuatro manos empezaban a sobarme por encima de la ropa: el pecho, el culo. Una de esas manos me intentaba tapar la boca y otra, que logró desabrocharme el botón, bajarme la cremallera del pantalón vaquero. Otra mano cogió mi derecha y me la llevó hasta sus asquerosos huevos por encima de su pantalón. Dos tíos repugnantes se habían propuesto violarme. El miedo me dejó casi paralizada, pero tuve tiempo a reaccionar y el chillido que lancé fue tal, y tan pavoroso y estentóreo, que aquellos miserables salieron huyendo. Nadie fue tras ellos puesto que nadie había en ese momento por la calle, aunque la avenida principal estaba bastante cerca del final de la misma. Yo no denuncié, puesto que aduje que jamás podría dar una descripción. Me atacaron por la espalda y no les logré ver la cara. Ni siquiera podría contar a la policía qué complexión tenían, o qué color de pelo.


Echándole narices, hice mi turno de Los 40 Principales con la alegría de siempre; como si tal cosa. Cuando pasaron las cuatro horas de mi jornada laboral, aún tenía las marcas en las muñecas, y éstas me dolían. Pero más que los brazos y las manos, me dolía el alma, me sentía abatida, impotente porque no podía denunciar puesto que no tenía ni idea de a quién hacerlo. Ahora, con el paso del tiempo,me doy cuenta de que estuve muy confundida y que debía haber ido a comisaría porque aunque no podía dar datos físicos de aquellos tipejos, quizá estaría evitando algún ataque o asalto a otra chica.


Cuando años después, en otra emisora, tuve la oportunidad de entrevistar a Tina Alarcón, fundadora del Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales, me di cuenta del verdadero alcance de la historia que existe detrás de cada mujer violada, agredida, ultrajada.


Tina posee en la actualidad cerca de dos mil expedientes abiertos de violaciones consumadas. Son dos mil gritos de desesperación que no tuvieron tanta suerte como yo. Dos mil gritos lanzados a la fuerza por culpa de desalmados que quisieron obtener sexo también a la fuerza.




4 mordiscos a esta cereza:

Anu dijo...

Para poder describir algo tan brutal, tan caníbal como una violación hay que haberlo vivido, o haber estado cerca. Da miedo sólo pensar que, tras cualquier esquina, puede haber alguien sin nada mejor que hacer que arruinarle la vida a un ser humano.

Me ha gustado. Me ha encogido el corazón, pero me ha gustado mucho.

jose dijo...

Tremenda experiencia, de las que dejan secuela psicológica para quienes la sufren.Creo que es un problema de difícil solución, la víctima suele ser débil y de presa fácil para los "machotes" h.p. (con perdón). En cualquier caso siempre es recomendable denunciar, aunque muchas veces pensemos que esas denuncias no sirven para nada. Todos debemos poner de nuestra parte para eliminar a esta escoria de la sociedad, que son mal visto hasta en las cárceles en donde a los violadores, los otros presos les hacen la vida imposible;es de cobarde y muchas cosas más...atacar a mujeres indefensas.
Desde este humilde rincón reivindico la libertad y dignidad para la mujer.
En este caso concreto hablamos de violación sexual, pero tampoco podemos olvidarno de la violación doméstica.
Un saludo
jose

Luciérnago dijo...

Creo que no estás sola. Desgraciadamente hay muchos sinvergüenzas que se dedican a eso. Hace poco tuve que ayudar de madrugada a una chica que asaltaron en una calle de Barcelona. Eran las tres de la madrugada. A esas horas voy siempre vigilante cuando regreso a mi casa. Con las ventanillas bajadas y escuchando la respiración de la calle. Y si puedo, me bajo del coche y ayudo. Me siento un poco policía, pero creo que la autoprotección y la solidaridad entre todos es necesaria para defenderse de esos malnacidos. Y cuando tienes mujer e hijos todavía eres más consciente. En mi blog personal cuento la historia. La podéis leer aquí:

http://luciernago.blogspot.com/2007/05/al-acecho-de-una-presa-nocturna.html

Un beso y duro con ellos.

Guinda de Plata dijo...

Hola, buenas noches a los tres y gracias por acompañarme.

Querida Anu: tienes mucha razón cuando dices que para describir algo tan brutal como una violación hay que haberlo vivido, o, como fue mi caso, que afortunadamente no se llegara a consumar. De eso hace ya muchos años y te juro que cada vez que paso por el mismo punto donde me atacaron, me estremezco y pienso en ello y en el daño que esos dos cerdos pudieron haberme causado. Gracias por tus palabras, cariño.

Jose, sí que fue una experiencia tremenda, y, como le he dicho a Anu y tú comentas, deja secuelas psicológicas. Yo, a raíz de esto, temía ir sola por la calle de noche y también por la mañana, sobre la hora que me pasó, cuando aún no ha clareado el día. La violación es un crimen execrable en el que se vulneran los derechos más elementales: los de tu propio cuerpo y la mente. Gracias por tu reivindicación para los derechos femeninos (aunque no olvidemos las violaciones a hombres), y por supuesto por las violaciones producidas dentro del hogar, tanto entre matrimonios como padres, tíos u otros parientes a niños y niñas. Un horror.

Luciérnago: he leído tu crónica y créeme que me impresionó tu rapidez de reflejos cuando pensaste que efectivamente esa pobre chica iba a ser asaltada. No todo el mundo tiene narices como para implicarse y muchos prefieren mirar hacia otro lado. Muchas gracias por tu valentía, tu testimonio y tus palabras.

Gracias a los tres por asomaros a esta cajita de guindas.

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