viernes, 11 de julio de 2008
Para etiquetar en la cajita como: Cerezas y guindas dulces
martes, 8 de julio de 2008
Mi padre, yo, y una vieja Mobilette del 62
5 mordiscos a esta cereza Escrito por Belén Peralta a las 22:24Para etiquetar en la cajita como: Cerezas y guindas dulces
lunes, 7 de julio de 2008
Para etiquetar en la cajita como: Cerezas y guindas dulces
domingo, 6 de julio de 2008
¿Podemos? ¡¡Claro que podemos!! :-)))))))))
4 mordiscos a esta cereza Escrito por Belén Peralta a las 23:03Lo confieso: no soy muy futbolera. Pero el domingo pasado sufrí, me emocioné y me desgañité cantando el gol de la selección española que le hacía campeona de Europa.
Pero confieso que el tenis es mi debilidad. Adoro ver tenis (que no jugarlo, pues soy bastante mala), y si es de buena calidad, pues, claro, mejor que mejor. Añoro los partidos de Steffi contra Arantxa, los de Bjorn Borg, Agassi, Edberg... y vibro, alucino, con los de Nadal y Federer.
Me gustan muchísimo más los partidos sobre tierra batida, de ahí que todos los años vibre con el Roland Garros. Los partidos sobre hierba no me llaman tanto la atención, y por eso Wimbledon no me dice demasiado. Pero este año era diferente. Este año todo estaba a favor para que Nadal venciera de una vez a ese maravilloso jugador, ejemplo de elegante caballero en la cancha, que es el suizo Roger Federer. Confieso que desde el principio, a pesar de estar animando incansablemente a Nadal en sus golpes más rotundos (estoy un poco afónica :-), pensaba que Federer iba a alzarse con la copa. Pero no. Rafa ha sacado la furia española del "Podemos"... y ahí lo tenemos, tirado en la hierba londinense, dando una bofetada sin manos gracias a su excelente juego a prácticamente todo el público, que, como es habitual, estaba de lado del suizo. Esa imagen es todo un símbolo, sin duda. Un símbolo de la euforia, de la absoluta felicidad.
Rafa, felicidades, campeón, y por favor, disculpa a los incrédulos, como yo, que veíamos muy complicado que ganaras al caballeroso Roger en la hierba. ¿Ves como sí has podido? :-)))
PD: Por cierto, ¡¡¡¡vaya partidazo!!!!
Para etiquetar en la cajita como: Reflexiones y comentarios
jueves, 3 de julio de 2008
Esos son los días que ha estado secuestrada por las FARC Ingrid Betancourt. Una auténtica pesadilla que comenzó en febrero de 2002 y que afortunadamente ya ha llegado a su fin.
Su hijo, que está en París, aún no ha hablado con ella ni la ha abrazado, y dice que no se lo cree. Que es muy duro no oír la voz de una madre en seis años.
Felicidades, Ingrid, pero, sobre todo, a tu hijo. De una madre a otra. :-)
Para etiquetar en la cajita como: Reflexiones y comentarios
martes, 1 de julio de 2008
Para etiquetar en la cajita como: Reflexiones y comentarios
domingo, 29 de junio de 2008
El juego del autor perdido, otra vez aquí
12 mordiscos a esta cereza Escrito por Belén Peralta a las 0:52Bien, amigos. He acertado en el blog de Fauve de chamba, como se dice en mi tierra, y ahora me toca poner texto para seguir jugando.
Os recuerdo rápidamente los requisitos:
Hay que acertar el nombre del autor; no hace falta adivinar a qué obra pertenece el texto.
Debe ser un autor medianamente conocido.
Las personas que jueguen deben tener un blog, para, en caso de acierto, poder colocar en el suyo el siguiente texto que haya que acertar.
Debe ser un párrafo que no esté en internet, porque si no el juego pierde toda su gracia.
Se pueden preguntar todas las pistas que uno desee.
Y, una vez dicho esto, aquí van mi texto y mis pistas:
Esta parte de la historia se escribe por lealtad a un fantasma. No hay pruebas de que sea cierta y todo lo que podemos pensar indica que es improbable. Pero Kunz aseguró haber visto y oído. La sirvienta sólo admitió, muchos meses después, que "la señorita estaba un poco desarreglada". Kunz volvió a su mesa de trabajo después de cerrar la puerta de la Gerencia General, dejando a la muchacha encerrada con Larsen. Guiñó un ojo a Gálvez que estaba apoyado con los codos en dos o tres libracos de contabilidad que había acarreado desde el mueble metálico hasta el escritorio, sin abrirlos, y miraba por algún agujero el cielo azul. Kunz se sentó y se puso a examinar su álbum de estampillas.
(Creo que no está en internet, he mirado durante un buen rato).
Mi pista es que pertenece a un señor ya fallecido, que escribía en español, cuyo nombre de pila era compuesto. ¡Seguro que la acertáis corriendo!
Para etiquetar en la cajita como: Juego A la búsqueda del autor perdido

Brujuleo por tu cuerpo,
mil esquinas hallando,
y me gusta lo que encuentro,
calle a calle, barrio a barrio.
El hueco, rotundo y pleno,
de tu regazo acogedor.
Las calles de tus dos brazos,
y sonrisa de candor.
Tus axilas son mis selvas,
tus manos, dos turmalinas.
Y qué ojos: un piélago negro
de ternura infinita.
Sigo la ruta y me detengo
poco a poco en tus rodillas.
Ese tren llamado tú:
tus piernas y aquéllas, las vías.
Y me guardo para mí
la vara ardiente que clama,
el detalle de tu sexo,
tu regalo en mi cama.
Para etiquetar en la cajita como: Prosa en vertical
sábado, 28 de junio de 2008
Han transcurrido sólo cuatro días desde nuestro último encuentro y me parece que ya ha pasado un mes. Echo de menos sus manos calientes, que, curiosas, habían revoloteado por todo mi cuerpo como descaradas libélulas.
Pienso en aquella tarde en que se me acercó por detrás mientras yo preparaba la ensalada. Le había invitado a comer sin ninguna pretensión como no fuera la de pasar un agradable rato de charla tras algún tiempo de no vernos. Me gustaba mucho su conversación, y tenía ganas de compartir críticas de cine, libros y música. Y por supuesto, sumergirme en el aceite profundo de sus ojos de oliva. Naturalmente, eso no estaba dispuesta a contárselo. Ni entonces, ni nunca.
I.-
Mientras hablaba con él por teléfono preguntándole sus preferencias para la comida, y contestándome un previsible y aburrido: “Me gusta todo; lo que tú elijas estará bien”, rebuscaba con la mirada en la frutería, tratando de acertar con la lechuga más fresca y con un melón que estuviera realmente dulce, cosa harto complicada a no ser que lo calara. Pensé que con olerlo me bastaría, así que, en cuanto me despedí de él hasta un rato después, acerqué mi nariz a aquel fruto ovoide y me embriagué con su olor fragante y delicioso de caramelo. Estaba en su punto.
La lechuga de hoja de roble, los tomatitos cherry, el aguacate, la zanahoria para rallarla en juliana… Todo formaría una ensalada formidable que sería el anticipo, junto con el melón con jamón, de un plato en el que la carne sería la protagonista. Una mouse de chocolate blanco sería el colofón perfecto a una comida que tenía que salir bien a la fuerza.
II.-
Me esmeré en la preparación del plato principal. Había pensado en un simple solomillo a las tres pimientas. Nada demasiado pesado ni elaborado; no quería ni salsas, ni nata, sino algo muy ligero y que pudiera dejar sitio al postre que habría de venir a continuación. Mientras fileteaba la pieza de solomillo, me complacía en pensar qué historias podrían surgir tras aquella comida de sábado, cuando en plena sobremesa estuviésemos degustando algún licor y de fondo oyéramos a Billie Holiday, nuestra favorita. Rápidamente me di una colleja mental pues no podía esperar más de aquel amigo que sólo sería eso, un amigo, fiel y en quien confiar, pero que nunca, por un pacto nunca hablado pero siempre respetado entre nosotros, traspasaría la frontera de la amistad y el amor… o el sexo.
Seguí añadiéndole amor a la carne mientras caía sobre ella la pimienta recién machacada en el molinillo. Al menos, el solomillo llevaría sobre sí la esencia de la pasión. Yo me imaginé como un trasunto de Tita de la Garza, la inolvidable protagonista de “Como agua para chocolate”. Yo, en aquellos momentos, era Tita.
III.-
Mientras, para ir abriendo boca antes de que él llegara, sonaba en el aire la voz desgarradora de la dama más triste del blues, comencé a cortar aquel melón fresco que embriagó el aire con sus notas dulces. Parecía, al soltar sus jugos, que lloraba mientras oía el estremecedor “Strange fruit”. Envolví cada porción con un poco de jamón, y dispuse aquellos trocitos tramposos en una fuente de diseño. Tramposos porque querían ser afrodisíacos. Tramposos porque luego, finalmente, lo fueron.
IV.-
La mouse montó definitivamente bien aunque en un primer momento tuve mis dudas, pues las claras al principio parecían reticentes a hacerlo. La fusión con el chocolate blanco fue mágica, y junto a los demás ingredientes se unieron en un baile que anticipaba derroche y lujo. Metí el dedo índice en la mezcla y lo chupé de forma voluptuosa. Imaginé traviesos lametones en sitios casi inaccesibles y encendí el ventilador. Me estaba empezando a entrar calor. Espolvoreé un poco de canela sobre la mouse y dispuse un par de palitos también de canela para que pusieran la guinda final. Dejé que la suave mezcla se fuera enfriando en la nevera mientras empecé a preparar la ensalada, que, deliberadamente, había dejado para el final.
V.-
Él ya había llegado y estaba tomándose una copa de vino mientras yo me peleaba con el rallador y una lustrosa zanahoria. Fue justo cuando empezaba a disponer las hojas de roble en una fuente de diseño. Noté sus manos sobre mi cintura y, aunque el “¿Te ayudo?” fue dicho sin maldad, a mí me sonó a cañonazo de inicio de la batalla, a trompetas y clarines de ángeles y a todo lo que quería que yo sonara. Me hacían falta unas manos como aquellas en mi cintura, sobre todo si eran las de él, pero tenía miedo a traspasar la frontera pactada. Aunque ardiera en hacerlo.
Me volví y rechacé con una sonrisa su solicitud de auxilio a la hora de montar el plato. Prefería que me montara a mí, si me permiten el chiste fácil, así que le mandé para el salón y que me esperara, que no iba a tardar más de un minuto. Las piernas me temblaban pero no quería que se me notara. Ya mi sonrisa era demasiado evidente. Me dio la impresión, en aquel instante, de que la ensalada se quedaría a medio preparar.
VI.-
Cuando han pasado cuatro días desde aquel encuentro, aún sonrío cuando recuerdo el desorden de ropas y zapatos diseminados por todo el apartamento. Las fronteras habían sido violadas, y los pactos, abolidos. Pero, sobre todo, me acuerdo de la comida que quedó sin ser degustada sobre la mesa perfectamente puesta tras tanto esfuerzo, y de aquellos dos palitos de canela que, como dulces banderillas, esperaron infructuosamente que las desclaváramos de la espumosa montaña de chocolate y claras. Sólo el melón, cubierto por las sábanas saladas del jamón, logró cumplir su objetivo y ser degustado de forma lúbrica entre risas de pactos derogados.
Para etiquetar en la cajita como: Guindillas picantes
Para etiquetar en la cajita como: Reflexiones y comentarios

















