viernes, 31 de octubre de 2008
Desde que a finales de agosto el profesor Neira cayera en coma tras la agresión que sufrió por intentar defender a una mujer supuestamente maltratada, su rostro fue el de tantos seres anónimos que luchan por intentar mejorar un poquito este mundo. Incomprensiblemente, su valor y el hecho de enfrentarse a una persona que, según todos los indicios, estaba maltratando a su pareja, hicieron que arreciaran muchas críticas por parte de aquellos que decían que "le estaba bien empleado por meterse en camisa de once varas. Cada cual que se meta en sus asuntos". Afortunadamente, fueron los menos. Y es que es, sí, sé que es complicado intervenir en una situación difícil, pero también es muy fácil volver la vista a otro lado.
Yo ya expliqué en esta cajita de cerezas y guindas qué me ocurrió hace muchos años cuando iba tranquilamente una mañana de septiembre a trabajar. Me hubiera encantado que un Jesús Neira hubiera tenido el valor que tuvo este para defenderme y así no me hubiera sentido tan sola ante el horror. Por otra parte, no me gusta nada que cadenas como Telecinco hayan pagado (por dos veces nada menos) a la maltratada, Violeta Santander, por despotricar contra Neira.
Bravo, Jesús. Bravo también por su familia, ejemplo de entereza. Ahora, recupérese y disfrute de esta nueva segunda vida junto a aquellos que le quieren y recibiendo las felicitaciones sinceras de todos aquellos que, como yo, le admiramos por su tremenda valentía.
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martes, 28 de octubre de 2008
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lunes, 27 de octubre de 2008

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sábado, 25 de octubre de 2008
Podrá tu cálido aliento
arroparme y envolverme.
Quizás tus cálidas manos
atraparme en sus palmas
y moldearme de amor.
Tu callado gesto
me reconfortará
como muda nana cadenciosa.
El murmullo de tu voz,
apagándose, casi silente,
será mi mejor música.
Calla: no te muevas, no hables…
Que aun sintiéndote,
apenas te sienta.
Así, íntimo, te deseo hoy.
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martes, 21 de octubre de 2008
Los perfumes que nunca usará Su Haling
13 mordiscos a esta cereza Escrito por Belén Peralta a las 0:01
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lunes, 20 de octubre de 2008

Bueno, no exactamente. No es que no tuviera entrada ni tema.
Tengo previstas muchas entradas. Algunas poesías rondando, algún relato esperando a tomar forma, y también temas de actualidad que quisiera exponer para que conformemos, como hacemos otras veces, interesantes debates.
Pero, mientras decidía qué colgar esta noche, he sabido algo que desconocía, y que me ha llenado de alegría, de satisfacción, de... No sé ya ni como decirlo. Y se ha convertido en una prioridad para mostrarlo aquí esta noche, para aquellos despistados, que, como yo, no habían advertido esta gran noticia.
Ybris ha vuelto a su blog. Ha vuelto a escribir. Lo ha hecho con nuevas fuerzas y por fin ya me siento menos vacía. Me pasé para dejarle un mensaje de buenas noches... y encuentro que regresó hace un par de días.
Gracias, Ybris. Los que, como yo, te admiramos profundamente, te lo agradecemos en el alma. Y, a los que aún no lo conozcan, les digo desde YA que no pueden perder tiempo. Que se sumerjan en ese maravilloso mosaico de palabras, que se suban al carrusel de la poesía y al tiovivo de la reflexión más profunda.
Estaba triste por su marcha, pero en el fondo sabía que nuestro Ybris no podía fallarnos. Gracias, de corazón. :o)
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sábado, 18 de octubre de 2008

Vamos a atrevernos.
Pintemos nuestras almas de mil colores,
de ilusión las brochas embadurnadas,
y naveguemos en ríos de risas cristalinas,
de esas que llegan al anochecer y al alba.
Tracemos las líneas de nuestra historia
con los pinceles del recuerdo.
Que no quede ningún hueco por cubrir
en los cuerpos, hoy hechos lienzos.
Que tus manos sean mi marco,
y yo tu cuadro perfecto;
dibújame con el esbozo
de un querer bello y eterno.
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miércoles, 15 de octubre de 2008
Vestida sólo con tu imaginación,
paseo por la orilla de tus deseos.
Mares y lunas,
valles y dunas.
Hoy mi cuerpo se preña de ti,
opalescente y frágil.
Mis mares son lunas,
mis valles son dunas.
Me vistes de desnudez
y me disfrazas de amor;
serpenteas en mí
y me buscas, y me hallas, y me tienes.
Toda yo.
Toda duna.
Toda luna.
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sábado, 11 de octubre de 2008

A todos aquellos papás que lo fueron de verdad.
Desde pequeña, noté que algo raro pasaba en mí. Me refiero a mi físico, incluso a mi forma de ser. Era una niña normal. Tenía dos ojos, dos orejas, una nariz diminuta y respingona –“nariz de hada” decía mi papá-, y dos brazos y dos piernas y hasta un ombligo que denotaba que era humana, que había nacido de una mamá y que no era un marciano como yo imaginaba. Porque a veces me veía tan diferente de mi papá y de mi mamá, y también de mis hermanitos, que me quedaba un rato así, observándome en el espejo o mirando fuera a través de la ventana, como estoy ahora, y aunque me hablaran no atendía. Pensaba en que, aunque era feliz allí, en aquella casa inmensa, algo fallaba.
Y no sería porque me faltaran lujos ni cuidados. Todos los días Luisa, una de las doncellas de mamá, me arreglaba las coletas y ayudaba a vestirme antes de servirme el desayuno en la gran cocina de casa. Me gustaba tomar su cacao bien caliente, porque ella lo preparaba de forma especial, y me encantaba mojar el dedo en la mermelada que la mujer echaba a un lado del platito de las tortas. Tortitas recién hechas que me sabían a puritita gloria. Mi mamá solía decir que si se le pudiese pegar un mordisco al cielo, seguro que sabía a las tortitas de Luisa. Ella simplemente bajaba los ojos y sonreía como muestra de agradecimiento. Nunca le vi mirarle mucho rato a los ojos. Mamá era buena, pero imagino que tanto Luisa como Juan, su marido, nuestro chófer, así como los demás criados, les tenían demasiado respeto como para cometer equivocaciones tontas que les hicieran ganar alguna reprimenda, o, lo que es peor, perder sus puestos de trabajo.
Pasaban los años y, conforme iba creciendo, más iba advirtiendo la diferencia –por dentro y por fuera- entre mis dos hermanos, un chico y una chica, y yo. Ellos sí se parecían, tanto en su cara, como en sus gestos, o en su carácter. Yo sospechaba tantas cosas que incluso alguna vez le pregunté a mi mamá si yo era adoptada. “Pero… ¿qué tonterías dices, Alejandra?”, me decía, mientras una leve sonrisa intentaba ocultar lo que yo constataba como certera incomodidad. A tal punto me hice pesada que una vez en que la miré fijamente a los ojos tras preguntarle la misma cuestión, una bofetada me cruzó el rostro tras escuchar una breve reprimenda. “Como vuelvas a decir eso más, te vas a enterar”, me dijo, colérica. Les juro que no me dolió aquella bofetada, que aquellos dedos estampándose contra mi rostro no me parecieron pequeños látigos como así fueron en realidad. Y esto fue así porque en aquel momento me di cuenta de que, efectivamente, algo raro ocurría en aquella quinta inmensa, donde los bellos jardines me servían para dar largos paseos y concentrarme en mis pensamientos, mientras año tras año iba creciendo y convirtiéndome en mujer.
Estaba a punto de licenciarme en Historia cuando resolví que con mi bagaje, mis sospechas no podían quedarse en agua de borrajas. Necesitaba saber de una vez qué era lo que me atormentaba, aunque no lo supiera realmente. No tenía ni idea de por dónde comenzar, ni en dónde buscar; ni siquiera era consciente de que tuviera que hallar algo en realidad. Mi afán investigador empezó a dar sus frutos: revolví viejos periódicos en la hemeroteca de la biblioteca pública, indagué entre los profesores de la Universidad, navegué horas y horas en la red quitándole tiempo a mi propia carrera en busca de otra carrera: la que debía jugar contra el tiempo, porque día que pasaba, día que me atormentaba más y más en busca de una respuesta coherente a algo que no sabía exactamente qué era.
Ahora, cuando ya han pasado veinte años desde que empecé esa búsqueda loca, me llega la noticia de que Jorge Videla, “el Hitler de la Pampa” como se le conoce, tendrá que volver a prisión y abandonar el arresto domiciliario que permitía que durmiera hasta ahora en una mullida cama rodeado de comodidades. Él fue quien autorizó que mi papá y mi mamá fueran torturados con la picana y arrojados vivos al mar desde un avión. Mis papás verdaderos, claro, porque de los otros, aquellos que me acogieron en su quinta inmensa y a los que no me parecía en nada, ni en su cara, ni en sus gestos, ni en sus caracteres, renegué en cuanto me enteré de su sucia trampa. Una trampa que urdieron para quedarse con un capricho: con una nena que no era suya y que nunca jamás lo sería de verdad.
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miércoles, 8 de octubre de 2008
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lunes, 6 de octubre de 2008
Debilidad enfermiza (Esa red que esperas)
13 mordiscos a esta cereza Escrito por Belén Peralta a las 0:06Para todos aquellos que dependen tanto de esa persona a la que aman.
Trémulas, inesperadas casi,
tus manos se tienden a mí.
Buscan el vacío del abismo,
porque aunque yo me ofrezca a ti,
sabes que soy,
en el fondo,
el acantilado de tus dudas.
No, amor, no temas:
soy tan débil, y te quiero tanto,
que extenderé la red que esperas
aun temiendo que me hagas daño.
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viernes, 3 de octubre de 2008
Henchido, mi corazón gozoso
te acoge, clemente,
entre nubes turbias de amor desbocado.
El sentimiento que todo lo puede,
hasta derribar las barreras
que tú y yo no creíamos vivas.
Deja que galope, que se derrame, que no se esconda.
Deja que nos inunde, implacable, que nos derrita.
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