domingo, 30 de septiembre de 2007
Dedos serpenteantes
descendiendo, desbocados,
y el surco fantástico
que adelanta un valle rosado
se abrirá, delicado
y dispuesto a recibirte,
siguiendo lo esperado.
Calor rosado en el vértice;
tu vértice, al fin, conquistado.
Para etiquetar en la cajita como: Prosa en vertical
sábado, 29 de septiembre de 2007
Para etiquetar en la cajita como: Reflexiones y comentarios
miércoles, 26 de septiembre de 2007
Han dejado de buscaros. No estábais dentro del barco. De ese maldito barco que un día supuso vuestro sustento y el de vuestra familia, y ayer fue prisión con rejas de olas y candados de salitre.
Vuestros cuerpos reposan, ajenos quizá al dolor y los ojos secos de tanto llorar. Hinchados, sí, pero sin que el agua –otra vez el agua- surja de ellos. Las manos duelen de tanto ser apretadas, enlazadas, en una oración imposible. Teníais que aparecer. Vuestra no presencia no formaba parte del doloroso guión. Vuestros tres cuerpos de marineros valientes, como os bauticé el otro día, tenían que aparecer, aun trayendo con su imagen atroces pensamientos de dolor y gritos desgarradores ante la evidencia.
Pero no aparecísteis.
Quién sabe si una sirena aburrida de estar sola en el mar Atlántico de mi Cádiz bonito, ha querido atraparos en su red para que le hagáis más dulces los días, compartiendo con ella aguerridas historias de jornadas en mares embravecidos y contándole anécdotas de los chiquillos que os esperaban en la humilde casa marinera.
Va por vosotros, en el deseo de que algún día, no demasiado lejano, aparezcáis. Aunque dejéis huérfana a la sirena y su red.
Para etiquetar en la cajita como: Reflexiones y comentarios
martes, 25 de septiembre de 2007
Para etiquetar en la cajita como: Prosa en vertical
lunes, 24 de septiembre de 2007
encendido,
con el deseo del curioso
y las ganas del novato,
no te quejes
de los besos malignos,
las caricias a pares,
los destellos en mis ojos.
Espectador de mis senos,
jugador entre mis muslos,
actor de situaciones aprehendidas
(y aprendidas)
de muchas mujeres,
pero únicas en cada una de ellas.
No te quejes.
No.
Así soy,
Así eres.
Para etiquetar en la cajita como: Prosa en vertical
viernes, 21 de septiembre de 2007

La recompensa será la esperada: besos en recodos ignotos, caricias a tus lunares ocultos, lametazos en tu piel salina, sonrisas respondiendo a tus diabluras.
Encuéntrame, sí, y permite que tus dedos se paseen por el filo de mi escote, por el encaje de las medias que atenazan sin piedad mis muslos, que jueguen por el tacón de mis sandalias, estilete mortal que ansiarás recorrer con tus ojos hambrientos.
Encuéntrame, sí, de una vez, y deja que tus manos bullan por debajo de mi falda, que levanten algodones y tules, que sometan encajes y transparencias; que, desvergonzadas, retiren braguitas imposibles y suelten algún cachete inesperado.
Encuéntrame, sí, de una vez y para siempre, y no dejes de buscarme a perpetuidad, olvidando allá donde quieras las buenas formas para doblegarme, rendirme, y hacer que me muestre ante ti a la vez sumisa y salvaje, azúcar y sal, guinda y guindilla.
Para etiquetar en la cajita como: Guindillas picantes
miércoles, 19 de septiembre de 2007
"La playa y la alta mar dan al hombre un sentido de la distancia, en relación con el llano inmenso que lo rodea; el horizonte es para el marinero y el pescador, singular, uno, sin solución de continuidad, redondo, sin salida posible, como una cárcel, como un grillete gigantesco que sujeta las almas". (Domingo Manfredi Cano, escritor y flamencólogo)
Para etiquetar en la cajita como: Reflexiones y comentarios
lunes, 17 de septiembre de 2007


NOTA IMPORTANTE: A petición de María, y porque por supuesto se lo merecen, ahí tenemos a nuestros chicos de voley celebrando su fantástico oro. ¡¡¡¡¡¡FELICIDADES!!!!!!
Para etiquetar en la cajita como: Reflexiones y comentarios
sábado, 15 de septiembre de 2007
Para etiquetar en la cajita como: Prosa en vertical
martes, 11 de septiembre de 2007
Para etiquetar en la cajita como: Reflexiones y comentarios
lunes, 10 de septiembre de 2007
Para etiquetar en la cajita como: Prosa en vertical
domingo, 9 de septiembre de 2007
Para etiquetar en la cajita como: Prosa en vertical
sábado, 8 de septiembre de 2007
Para etiquetar en la cajita como: Reflexiones y comentarios
jueves, 6 de septiembre de 2007
Para etiquetar en la cajita como: Reflexiones y comentarios
miércoles, 5 de septiembre de 2007
Para etiquetar en la cajita como: Reflexiones y comentarios
martes, 4 de septiembre de 2007
Para etiquetar en la cajita como: Reflexiones y comentarios
lunes, 3 de septiembre de 2007
Habían pasado varios años desde la última vez que se tuvieron, desde aquella noche de luna nueva, oscura como el destino que debía separarles, llena de neblosos presagios y adelantos tenebrosos de una separación que habría de ser –eso creyeron entonces-, definitiva. Él cerró –aún más- los ojos, e intentó recordar el momento exacto de ese último beso, el instante cruel en que sus labios deseaban inexorablemente perpetuar lo perecedero, lo que tendría que morir a la fuerza en aquel mismo segundo. Le vinieron entonces a la mente las amargas lágrimas de aquella chica, menuda, pelirroja y graciosa, que en aquella lóbrega noche tornó sus mohines traviesos por desdichadas muecas de pena. Las lentejas de su cara pecosa le parecieron mucho más oscuras, de sombrías que se volvieron, y el verde de sus ojos, siempre dos lagos transparentes, aparecían ahora repletos de cieno, ofreciendo un color mucho más intenso.
La despedida fue terrible. Anterior a aquel beso que unió sus labios por última vez durante muchos años y, para siempre –eso creyeron entonces-, hubo caricias repletas de amor, abrazos que congestionaban, llenos de desesperación porque venían de personas condenadas a separarse, mordisquitos preñados de picardía que aquella amarga noche no sabían más que a dolor. Hicieron el amor como tantas otras veces, pero a sabiendas de que no volverían –eso creyeron entonces- a compartir nunca más el lecho, en vez de entregarse de una forma desbocada, se amaron por tiempos, como en una pieza musical. Desde el Adagio Cantabile al Prestissimo, pasando por el Andante Moderato… aunque predominó el Lento. No podía ser de otra manera.
Tras años y años de no tenerse, de no compartir susurros y guiños, ternura y secretos, de no adivinarse entre las sábanas de algodón, ahí estaban, el uno junto al otro, dos cuerpos con más arrugas y con la certidumbre y las ventajas de conocerse perfectamente. A pesar del tiempo transcurrido, no habían decrecido las ganas de arrullarse y eso se notaba en el cariño puesto en el encuentro, en la ilusión con la que se bajaban cremalleras y desabrochaban botones, en la apremiante necesidad de unir bocas en besos incontrolados.
Los amantes, pues, repitieron los gestos que habían protagonizado la última noche –eso creyeron entonces- que iban a estar juntos, y no por duplicados, les parecieron menos hermosos y emocionantes.
Para etiquetar en la cajita como: Cerezas y guindas dulces
domingo, 2 de septiembre de 2007
Para etiquetar en la cajita como: Reflexiones y comentarios