viernes, 5 de octubre de 2007

Sí, soy yo


Tómame de la mano.


Siéntela. Está caliente. Es cálida, como la tuya. Su palma es suave, su dorso, aún más, como es previsible. Las uñas, un poco largas, sin pintar. Los dedos, muy largos, sin anillos ni otros adornos. Es una mano bonita.


Sin soltarla, te la llevas a tu mejilla y le das un leve beso mientras entrecierras los ojos. Esa mano, que tantas veces has soñado tener contigo, huele muy bien, y es suave, y ahora te acompaña…


Mírame a la cara.


Mientras sonrío y te hablo, y te cuento, y te digo, me observas. Yo no me doy cuenta de que te fijas en ese lunar que tengo en mi mejilla derecha, justo cabalgando en el pómulo, debajo de mi ojo color marrón. Avellana, te dije un día, para poetizar (si existe ese término) un color absolutamente vulgar y anodino. Mis cejas, depiladas, pero no en exceso, enmarcan ese y el otro ojo. Te fijas en mi nariz. No me gusta que la mires de perfil. No es pequeña, salgo en ella a mi padre, tiene un aire a la de Ana Belén. Ya me gustaría parecerme a ella en otras cosas…
Me sigues mirando y ahora bajas tus ojos hasta mi boca, que se mueve y sigue materializando esa cháchara incontenible que me sale de dentro, feliz por tenerte. Mis labios son muy gruesos, tal y como te dije. Mis dientes de abajo, un poco torcidos (también te lo dije). Mi sonrisa, verdadera y muy atrayente, eso ya no recuerdo si te lo comenté… En mi barbilla, divertido, encuentras otro lunar. Un lunar que por cierto odia mi Laura, aún no sé por qué.


Mi pelo castaño, teñido de pelirrojo, enmarcan unas orejas que siempre llevan pendientes, sobre todo largos o de aros. Me gusta llevar el pelo un poco largo, hace mucho tiempo que no me lo corto; creo que me sienta mejor así. Hace ya nueve años que me tiño de ese color, aunque de vez en cuando cambio sus matices, y pienso seguir haciéndolo, aunque mi niña proteste porque quiere que me lo deje de mi color natural. No, porque no me gusta, lo encuentro muy visto, y eso que a la luz del sol tengo reflejos rojos, producto de un tío de mi abuelo que era pelirrojo puro.


Mi silueta, grande; más de una vez me han soltado un jaca como piropo por la calle. Ahora estoy con sobrepeso, como sabes. Me está costando trabajo perder, no es igual que otras veces. Mi pecho, enorme. Mis piernas, largas, más gruesas de lo que desearía pero con los tobillos conservando su finura de siempre. Siempre los he tenido bien finitos. Pies grandes, un 41. Y, riéndose de las normas de la genética, dos dedos del pie pegados en una falange; los dos que siguen al gordo, tanto en el derecho como en el izquierdo. Mi padre los tenía así también y esto se lo pasé a mi hija.

Sí, soy yo.

4 mordiscos a esta cereza:

corsario sin patente dijo...

Un placer, si señor: todo un placer el verte.

Guinda de Plata dijo...

Un placer, sí señor: todo un placer leerte.

javierlunaro dijo...

Y también sentirte y recordarte. Siempre.

Guinda de Plata dijo...

Qué bonito, Javi... Me has emocionado, jodío...

Siempre, Javi. Siempre. Siempre aun en la distancia. Siempre en el recuerdo.

Siempre.

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